​Sánchez ataca a Maduro y viceversa porque saben que ganan más que pierden

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Maduro (Twitter)

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. Fuente: Twitter Maduro


Al inicio de la crisis en Venezuela parecía que el Gobierno español presidido por Pedro Sánchez iba a retomar la prudencia que desde Aznar (y 200 años antes que Aznar) había caracterizado a la diplomacia española.


Eso produjo que la oposición derechista española se le tirara encima desde el primer momento acusándolo de no condenar lo que consideran un régimen dictatorial y dar carta blanca a un “tirano”. Así Casado, Rivera y Abascal encontraron un horizonte más allá del 155 y Catalunya que desde el primer día han intentado explotar.


Ciertamente Josep Borrell lanzó algún dardo a Nicolas Maduro, lo que provocó que este último lanzara un furibundo ataque contra Pedro Sánchez que nadie se esperaba. Pero es que hay que tener en cuenta que a nivel interior criticar a España, por el pasado colonial, puede dar réditos en forma de cohesión interna. Y eso el presidente electo venezolano lo sabe muy bien.


Así que no siendo España una potencia mundial pero teniendo tanto significado para su país no le ha hecho ningún asco al enfrentamiento (y lo hará perdurar el tiempo que haga falta). Cuba o Nicaragua con los sandinistas ya habían utilizado la estrategia en su día sin el menor problema. Esto no es nuevo.


Tras esto el líder del PSOE lo tuvo claro para intentar frenar el ataque mediático del tridente de la derecha española formando por PP, Ciudadanos y Vox: atacar a Maduro. Así primero llegó su 'ultimátum' de los ocho días (que a Maduro realmente le da igual, cómo han verbalizado los suyos) y hoy domingo el que tenía más carga simbólica para su electorado español: el régimen bolivariano es lo más alejado de la izquierda que existe.


A ambos les interesa el juego del conflicto para sus respectivos intereses internos en sus estados. Maduro eleva el patriotismo anticolonialista en su país, y en otras zonas de Latinoamérica, logrando cohesionar a los suyos frente a un enemigo externo que sabe que poco daño le puede hacer. Sánchez logra responder a la derecha de su país internamente sin quedarse mudo y da buena imagen ante EEUU y con sus socios europeos (a los que facilita un camino común, aunque lo de los ocho días no pinta que sea invento español) a nivel externo. 


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