​Puigdemont con La Crida ya tiene su juguete propio

|


Puigdemont (Twitter AMI)

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat, desde Waterloo. Fuente: Twitter AMI


El nacionalismo catalán de corte conservador siempre ha tendido a la creación de formaciones donde un líder de corte mesiánico se podía mover a sus anchas y hacer o deshacer a su gusto. Tras una faz de democracia hacia el exterior siempre se ha escondido un sistema jerárquico en pirámide donde la cúspide fundadora es la que mueve y remueve todo hasta la base.


Ocurrió con Cambó y su 'Lliga Regionalista' y más recientemente con Jordi Pujol y su CDC. Efectivamente el partido de Pujol y su control sobre el mismo son el ejemplo más claro de lo que significa para el conservadurismo catalán la política y su desarrollo. El control mesiánico llegó a tal punto que eligió a un delfín para que le guardara el sillón a su primogénito, ahora en prisión, tras su retirada.


Artur Mas no tuvo por ese motivo -y por otros- tiempo de crear un artilugio propio tras la caída en desgracia de Oriol Pujol. Así que se subió al barco de JxSí a modo de líder de un Frente Nacional que aunaba a gente tan variopinta que parecía claro que no iba a durar.


El PDeCAT nacía para limpiar los pecados de corrupción de la extinta Convergència, pero no con un líder claro detrás que lo fuera a dirigir como si de su corral se tratara. Por lo que parece Mas tiene todavía alguna esperanza, pero ya se sabe: quien se fue a Sevilla perdió su silla. Y esa la ocupa hoy Carles Puigdemont desde Waterloo.


El autoproclamado "president legítim" no está cómodo con el PDeCAT y se le nota. Sabe que tiene su control -la defenestración de Marta Pascal es el mejor ejemplo- pero también tiene claro que en su seno todavía hay gente seguidora de Mas e independentistas que no apoyarían una vía unilateral de la que él no quiere abominar.


La plataforma creada en base a su persona, JxCat, para el 21D y que contra todo pronóstico superó a ERC le envalentonó y le mostró a su mente un futuro donde él iba a monopolizar a todo el nacionalismo catalán, no tan solo al conservador. Así que ni corto ni perezoso ha desarrollado junto a los suyos una especie de entidad, 'La Crida', como el juguete propio que le llevará a ese horizonte soñado.


Lógicamente todos los partidos a los que afecta el nuevo invento, incluido el PDeCAT, intentan huir despavoridos. ERC tardó tres segundos y lo ex-convergentes lo intentan aunque será difícil que se zafen. Saben que caer en esta red es aguantar tres décadas a lo Pujol y la cosa parece que no apetece.


Puigdemont les lanza flores diciendo que no tienen intención de formar un partido, pero por lo pronto a sus subalternos se les escapa la palabra en el congreso fundacional de este fin de semana (Eduard Pujol ha dicho “partido” para a renglón seguido cambiar a “movimiento”) y en Barcelona se presentan por ahora bajo ese nombre... también se han registrado como partido en el Ministerio del Interior...vamos, que pinta que es una mentira piadosa.


La fecha de caducidad del "movimiento" es cuando se consigan todos los objetivos del independentismo... o lo que es lo mismo, que no tiene fecha. Con este juguete en propiedad Carles Puigdemont lanza un órdago para controlar todo el movimiento nacionalista colocándolo bajo su control sin la menor cortapisa, haciéndose fuerte así personalmente frente al Estado español para resolver su futuro. 


   ​Hay unos mentirosos en la mayoría parlamentaria que aguanta a Torra