¿​Llega una especie de 'Noche de los cuchillos largos' al Procés?

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Puigdemont (Twitter JxCat)

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat. Fuente: Twitter JxCat


El procesisme es muy dado a utilizar símiles históricos para justificar una y otra vez sus argumentos. En muchísimas ocasiones -por no decir la mayoría- estos suelen ser falsos o debidamente interpretados y pasados por un filtro para que den un uso.


En este artículo he seleccionado un episodio ocurrido en la Alemania del nazismo para dar una cierta explicación de lo que puede deparar el nuevo episodio de esta telenovela de corte venezolano de los 90 que nos ha tocado vivir en Catalunya. 


Si unos usan el franquismo o el fascismo para argumentar su ideario... ¿por qué no puedo hacer yo lo propio con el nazismo? Al final 'La Noche de los cuchillos largos' no fue otra cosa que la eliminación por parte de la élite nazi de lo que le resultaba molesto en el cachivache que había organizado.


No me malinterpreten. Yo tengo claro que un movimiento tan amplio que “no ha trancat ni una paperera i ho ha deixat tot net i pulit” -entrecomillado- sería incapaz de tamañas barbaridades hacia los suyos o sus adversarios. Pero lo que sí puede darse es una guerra fratricida que implique la eliminación política del socio incómodo, que no física, claro está. Y por eso hago servir esta analogía.


El procesisme ya lleva tiempo en lo de eliminar políticamente a todo lo divergente en tierras catalanas. No es que le haya salido especialmente bien, pero está entrenado en ello y tiene su experiencia. En lo que todavía no se ha puesto con toda su virilidad y empuje -lo de Marta Pascal en el PDeCAT fue una mera reyerta dentro de una banda- como movimiento nacionalista es en sacarse de encima al amiguete molesto. Y eso parece que puede darse ahora.


En los últimos días han aparecido en digitales subvencionados -bien regados de dinero, para entendernos mejor- por el Procés diversos artículos de opinión que ponían poco menos que como dioses a Quim Torra y Carles Puigdemont. Se ve que el culto a la personalidad está de moda. Torra era comparado en su oratoria con Luther King y el inquilino de la chabola de Waterloo era puesto poco menos que como un Dios sobre la faz de la Tierra.


Por lo que se ve la extrema derecha del Procés (todo movimiento tiene izquierda o derecha, los bolcheviques en su día lo tuvieron también) ha empezado a mover ficha conforme se aproximan las elecciones europeas y municipales. Y los altavoces más cercanos al poder que les da de comer, que no es otro que Puigdemont y su muñeco Torra, no se han quedado en lanzar versos en plan obra de caballería del corte de 'Tirant lo Blanc'. También muerden.


Y la presa se llama ERC. El partido capitaneado por Oriol Junqueras ha formado parte de la maquinaria procesista desde el primer día. El ex alcalde de Sant Vicenç dels Horts se las prometía muy felices pensando que el hombre que había puesto Artur Mas sería incapaz de frenar lo que parecía un imparable ascenso al liderazgo del Frente Nacional a la catalana que habían montado. Pero sucedió lo inesperado.


Desde ese día todos los movimientos del exitoso President de la DUI suspendida han ido a forzar "la unidad", que traducido en su jerga significa lisa y llanamente que se acepte su liderazgo absoluto en el invento. Y eso se ha visto desde el primer día de esta legislatura con los conflictos frente al líder del Parlament, Roger Torrent, por su investidura telemática. El de ERC aún ahora se tiene que resistir a los intentos de JxCAT de forzarle a la misma... hasta el punto de enfrentarse a una querella en su contra presentada nada más y nada menos que por Puigdemont y ante el TC.


Así que tenemos a un líder que reclama su poder absoluto en el movimiento y un partido venido a menos que se resiste al mismo como bien puede. Toda la órbita del jefe revelado (prensa, diarios, tertulianos, tuiteros y otras gentes de buen vivir) afila sus cuchillos preparándose para la noche final que servirá de purga para dar al Procés un líder único e insustituible.


Y los que más esa suerte de neocons, unos auténticos fanáticos, alimentados por Puigdemont y que cada vez están más envalentonados frente al enemigo o al amigo que no se plega -echen un vistazo a las lindezas que le sueltan a Joan Tardà en Twitter sus amigos 'indepes' para que se hagan una idea de por donde van los tiros.


Como ERC no mueva ficha rápido puede que acabe más agujereada que un Fakir. Y esta vez el culpable no será el malvado Estado español