​El enemigo de Pedro Sánchez se llama Ciudadanos

|


Pedro Sánchez (Moncloa)

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Fuente: Moncloa


Hace unos días Pablo Casado verbalizó en una aparición pública que su formación se situaba en el centro político. El líder del PP utilizaba el tan manido lugar para justificar que su partido podía pactar con todos... incluido Vox por tanto.


Pedro Sánchez en la presentación de Jaume Collboni como alcaldable del PSC por Barcelona hacía lo propio, aunque no nombrara el vocablo, pero para mostrar una equidistancia respecto a los nacionalistas y al tripartito de derechas que ha desbancado al eterno poder del PSOE en Andalucía.


La diferencia entre uno y otro es que el actual Presidente del Gobierno sabe muy bien que para seguir siendo el inquilino de la Moncloa en una futura cita electoral la única opción que tiene es ocupar el espacio central del escenario político de forma casi monopolística. En cambio el líder popular, con un ideario propio del 'aznarismo tardío', debe centrarse ahora en lograr que su formación siga siendo la hegemónica en la derecha no permitiendo que las fugas hacia Ciudadanos o Vox sean irreversibles.


Y en esta operación lleva el secretario general socialista desde que destronó a Mariano Rajoy de las tareas gubernamentales: mostrar a la ciudadanía que es válido para regir los destinos de España y sus desafíos. Y también de paso para intentar seducir a los rebeldes independentistas catalanes para lograr seguir en la presidencia hasta el 2020.


Salga o no salga la jugada de alargar el mandato la necesidad de dar una sensación de moderación e institucionalidad está ahí para Sánchez. Y quien puede hacerle más daño en este objetivo se llama hoy Ciudadanos. Habiendo sido neutralizado el peligro por la izquierda por parte de Unidos Podemos (a los que incluso las encuestas le dan una pérdida de voto que se canalizará otra vez hacia el PSOE) y teniendo a Casado entretenido tapando el desangre de su formación está claro que el enemigo a batir es Albert Rivera y sus huestes.


No obstante no es nueva esta batalla entre ambos. Si bien al principio les interesó mostrarse cercanos con la firma de un pacto (cuando Sánchez intentó llegar a la Moncloa en 2015 sin tener apoyos suficientes ante la inoperancia de Rajoy para la investidura), lo cierto es que a partir de ahí la cosa ha dado un giro copernicano y ambos se baten el cobre por una buena porción del electorado que necesitan imperiosamente para lograr sus objetivos.


No debe extrañar que pocos días antes de la moción de censura que mandó a Santa Pola a su predecesor Sánchez cargara con especial virulencia contra los de Rivera tras tener una reunión muy afable con Rajoy y mostrar sintonía con este en varios temas como el de Catalunya. El líder del PSOE ya intuía quién iba a ser su adversario real.


Ciudadanos tiene muy difícil crecer por el lado derecho del mapa político con dos actores como los que ahora lo ocupan. Tanto el emergente Vox como el consolidado PP son huesos muy difíciles de roer y, además, es bastante probable que deba pactar con ellos para tocar poder. Su única opción es hacerse fuerte en el centro derecha e intentar robar el máximo de votos posibles al PSOE en el centro 'puro' e incluso en el centro izquierda descontento con los socialistas y sin ninguna otra opción más atractiva.


El enemigo de Pedro Sánchez en la próxima cita electoral se llama Albert Rivera, que exige unas elecciones cuanto antes mejor para no dar opción a los socialistas a que la operación de derribo contra los naranjas en la imagen de moderación tenga éxito. Contra más institucional parezca Sánchez las posibilidades de los socialistas aumentan. Lo que está claro es que el líder del PSOE tiene muy claro contra quien deberá disparar principalmente en la futura contienda electoral. 


   ​Los triunviratos toman la política española