​El misterio de tratar a Valls como caballo ganador sin parecerlo

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Manuel Valls (Gobierno francés)

Manuel Valls, candidato a la alcaldía de Barcelona. Fuente: Gobierno Francia


Cuando aparecieron las primeras señales de que Manuel Valls podía optar a la alcaldía de Barcelona el revuelo fue importante. La novedad de que un político que en Francia había sido casi todo optara a ese puesto era una noticia muy sorprendente para la política catalana y española.


Pero una cosa es la relevancia de la información y otra que por el mero hecho de presentarse todo fuera a ser fácil y en bandeja. Y en esos primeros momentos dio la sensación de que los partidos que iban a dirimir el cargo con Valls y los que intentaban cooptarlo para su causa sí que lo entendían así.


Lo relevante en esto no es que en un primer momento los actores políticos barceloneses actuaran así, lo extraño es que una vez publicadas las primeras encuestas y emitirse señales claras de que no nos encontramos ante el presumible caballo ganador de la carrera los otros partidos, principalmente los adversarios, sigan con un discurso que deja caer tal idea.


El ex primer ministro francés ha tenido mil problemas tras su aterrizaje en Barcelona. El primero, y quizás más importante ha sido hallar la fórmula adecuada para presentarse. Su idea era la de formar una candidatura donde los partidos no fueran los protagonistas pero participaban, no obstante lo que al final ha sucedido es que la única formación que le ha dado un apoyo explícito es Ciudadanos. El PP todavía se lo está pensando. Y el PSC, que en teoría es de su familia política socialista, lo descartó rápidamente.


Valls ha sido identificado como el candidato de las élites burguesas barcelonesas, lo cual lejos de mejorar su imagen la ha lastrado. Sin contar con la idea, que se ha repetido constantemente, de que no conoce los problemas de los barceloneses y que no es más que un oportunista que busca enderezar una carrera política que en Francia ya no no podía progresar.


Otros asuntos que le han dañado es su opinión sobre el tema Vox. Este asunto le ha causado fricciones con los de Rivera a cuenta de su posición contraria a pactar con la ultra derecha en Andalucía o cualquier lugar -lo que al final se ha producido, se quiera tapar como se quiera tapar. Esto último también ha servido para afearle su pasado como ministro del Interior con Hollande en el Elíseo y las expulsiones de los gitanos, lo cual según algunos no le deja muy alejado de las posturas del Frente Nacional de Le Pen.


Con todos estos datos sobre la mesa sorprende que tanto Colau como Maragall le lanzasen unas críticas que se dirigen normalmente al adversario más peligroso. El último en hacerlo ayer fue Collboni. Viendo la prudencia del PP en integrarse con Valls y el poco caso que le han hecho con el tema Vox resulta paradójico esta actuación de los partidos de izquierdas e independentistas.


Una de dos: o manejan unos datos que dan más relevancia a Valls de lo que las encuestas publicadas nos están mostrando, o se está pensando en un pacto post electoral tripartito entre PSC, Barcelona en Comú y ERC que haría actuar a estos de manera suave entre ellos y centrándose en un rival externo que les vista la campaña de algún modo para tomar relevancia y ganar mejor posición a la hora de negociar el futuro gobierno local.


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