​Los triunviratos toman la política española

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Santiago Abascal Andalucía (Twitter VOX)

Santiago Abascal, líder de Vox, celebra el resultado electoral del partido en Andalucía. Fuente: Twitter Vox


La aparición de la crisis económica en España trajo consigo otras tantas crisis en esferas distintas de la realidad. Una de ellas sin duda ha sido el campo político, que ha pasado de una plácida vida a la sombra del imperio del bipartidismo a un suerte de puzzle de partidos donde se han fragmentado tanto la izquierda como la derecha. Y curiosamente el triunvirato, que tanto apogeo tuvo al final de la época republicana romana, parece que en nuestro contexto tiene nuevamente éxito. Pero en vez de Cesares o pompeyos tenemos asociaciones de partidos.


El primer lugar donde se sintió el terremoto fue en Catalunya. Aunque su arco parlamentario ya venía compuesto por varios partidos lo cierto es que tradicionalmente siempre fueron únicamente dos formaciones las que optaron al cetro de la Generalitat: CiU y PSC. Tras el rodillo de la catástrofe económica mundial la política catalana se vio invadida por el Procés y su tablero partidista cobró una forma muy distintas hasta lo que entonces se había conocido.


Así que donde apareció el primer triunvirato de partidos fue en tierras catalanas. Primero con los dos famosos tripartitos capitaneados por el PSC, lo cual fue un prólogo de lo que vendría después. Porque aunque CiU se las prometiera muy felices en 2011 lo cierto es que para mantener el poder tuvo que inventarse otro camino distinto al que el pujolisme siempre había recorrido. No había nada que chantajear a Madrid... y así se formó el triunvirato en forma de Frente Nacional con CDC, ERC y la CUP que dura hasta nuestros días.


A nivel estatal, donde parecía que jamás iba a acabar el turnismo entre PP y PSOE, la cosa no ha acabado igual pero ha sido necesario el concurso de tres actores para darle una puntilla al sistema, que por otra parte estuvo muy influenciado en su día por Manuel Fraga durante la redacción constitucional. La idea del fundador del Partido Popular era implementar un sistema bipartidista muy similar al británico, 'tragándose' por otra parte en esta fórmula la excepción de los llamados nacionalismos periféricos y su importancia en la política estatal.


Pues ni así ha resistido más de cuarenta años este esquema que parecía eterno. En cuanto el triunvirato de los dos grandes partidos de la izquierda (PSOE y Unidos Podemos) y los nacionalistas han llegado a un acuerdo casi ni se han despeinado para derribar al partido más votado de las tareas de Gobierno. La moción de censura, un instrumento que parecía tan ornamental como el artículo 155 de la Constitución, se puso en juego para dar la puntilla a Mariano Rajoy.


Y el último lugar donde un trío político tiene éxito hoy en España es en Andalucía. La derecha, esta vez con forma de tridente, ha derribado por fin el eterno feudo socialista del sur después de cuatro décadas. Así una división ideológica de las posturas conservadoras (con PP, Cs y Vox) ha sumado más electorado que lo que venía siendo tradicional: el partido más votado junto con apoyos externos (PSOE e IU o PSOE y Cs). Curiosamente igual que en Madrid y en Barcelona, con los partidos más votados fuera de las tareas gubernamentales y engrosando las filas de la oposición.


Esta división troceada puede ser lo que nos depare el futuro en otras citas electorales, presumiblemente también a nivel estatal, donde el acuerdo entre tres sujetos puede ser para algo más que para derribar a un Gobierno. Así es normal que la derecha no haya descartado repetir su fórmula tripartita andaluza, un escándalo para muchos por la participación de la extrema derecha, para tomar la Moncloa (más difícil lo tendrá la izquierda con un nacionalismo catalán que se ha echado al monte y el relativismo del PNV).


El problema de la fórmula de los triunviratos no deja de ser el mismo paradójicamente que en la última época de la República Romana: los intereses contrapuestos de los actores que forman parte. Y esto fue precisamente lo que dio pie al final republicano y a la aparición de un sistema autoritario capitaneado por un emperador. ¿Ocurrirá lo mismo con el régimen del 78


   ​La derecha española se convierte en tridente