​España se llena de respuestas nacionales para problemas sociales

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Santiago Abascal Andalucía (Twitter VOX)

Santiago Abascal en Andalucía. Fuente: Twitter VOX


Se dice que el fascismo es una ideología propia de las clases medias que ante la pérdida de sus conquistas sociales se lanzan a los brazos del irracionalismo más radical. El fascismo en sí para funcionar debe contar con un aparato de propaganda bien engrasado que utilice la crítica social (muchas veces certera) como fórmula para ganar adeptos. Otra cosa son las soluciones, ya que en realidad de lo que se trata es de la simple y pura toma del poder... y de su conservación.


Debemos tener presente también del fascismo su indudable sustrato nacionalista, basado en una idea idílica de la patria y de un pasado siempre mejor. Una especie de Arcadia feliz que hay que recuperar para los nacionales de un determinado territorio.


Y que duda cabe que también hay que destacar la necesidad de un caldo de cultivo adecuado para que la propaganda surta efecto, esto es: una crisis económica que conlleve una crisis social que necesite de respuestas y remedios urgentes para la población.


Tampoco hay que desdeñar la necesidad de tener unos enemigos a los que señalar constantemente para que el cachivache propagandístico acierte en la diana. Pueden ser las élites corruptas, Madrid, los españoles... los objetivos pueden ser diversos y cambiantes según la necesidad del momento.


Respuestas simples a problemas complejos...


Tras la II Guerra Mundial y su caída sus fórmulas de propaganda han sido utilizadas por otros que aún no siendo fascistas tenían entre ceja y ceja los mismos objetivos que en su día tuvieron los fascistas: la toma del poder al precio que fuera.


En España hoy las fórmulas nacionalistas de carácter populista se han hecho presentes en el día a día de buena parte de los partidos políticos, ya sea mediatizando su acción hasta límites insospechados (PSOE o Podemos), o haciendo que se abracen estas fórmulas en muchos casos por haber funcionado en otros lares como con Trump el EEUU (PP y Cs), o directamente convirtiendo el invento en su razón de ser (VOX y partidos del Procés en Catalunya).


Así en España con una crisis económica que afecta a diversas conquistas sociales y a una clase media muy debilitada no debería de extrañar a nadie que fórmulas que parecían irrelevantes políticamente hasta no hace mucho (VOX o el independentismo catalán, por ejemplo) se hayan puesto en el centro del tablero político. Estamos ante respuestas de carácter nacional a problemas claramente económicos y sociales.


Por desgracia estás fórmulas patrioteras únicamente han servido para la toma del poder de una determinada élite que sabía señalar muy bien las evidentes carencias repitiendo lo mismo constantemente, pero que jamás encontró soluciones reales. Y que a cada problemas nuevo lo único que ofrecía era más y más propaganda con supuestas respuestas de corte nacional sin ninguna utilidad real ni práctica.


Así hoy España se debate ante los mismos problemas de casi siempre con grupúsculos que ofrecen fórmulas mágicas e inmediatas para su solución. No es que el fascismo haya vuelto a Europa y se esté implantando en la Península, pero sí que se observa el uso de muchas de sus herramientas en el día a día de la actividad política. Y eso es un peligro. 


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