​El Procés intenta sobrevivir creando órganos propios como placebo

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Quim Torra (Twitter Govern)

Quim Torra, presidente de la Generalitat. Fuente: Twitter Govern


Hace semanas ante la pregunta de una periodista que le cuestionaba la mayoría social del procesismeQuim Torra declaró que se negaba a creer que no contaran con ella. Pero si observamos las últimas contiendas electorales la realidad muestra que no la poseen. Los números cantan... los números son fríos aunque los quieras doblar a tu gusto.


Pero el problema de la falta de mayoría no lo es por si el President de la Generalitat puede contestar esto o aquello a la pregunta de una periodista... el problema es que el respaldo social es el que te permite tener fuerza para llevar a cabo tus planes. Si un movimiento político no tiene fuerza puede llorar, patalear o hacer lo que le venga en gana... sus actos no afectarán a la realidad.


Los líderes del Procés tienen un grave problema con la realidad desde hace mucho tiempo. Y ese problema se hizo patente ya con las autonómicas convertidas en plebiscitarias de septiembre de 2015. Ese envite procesista obligaba a obtener un “sí” votando a partidos independentistas. Si se rebasaba el 50% se ganaba, pero lo contrario comportaba una derrota.


Así lo entendió el entonces portavoz de la CUP, Antonio Baños, nada más saberse los resultados. Pero poco después todo el mundo procesista giró la tortilla e hizo una lectura, llamémosle 'personal', donde la ya jubilada Catalunya Sí Que Es Pot se convertía por arte de magia en abstención y que por tanto habían ganado el plebiscito.


Después de ese bluff todo han sido problemas. Los independentistas tienen fuerza para gobernar una autonomía, pero no la suficiente para proclamar un nuevo Estado. Ni de forma numérica ni de manera efectiva. Y los hechos lo han demostrado por mucho que los quieran maquillar. Con medio Govern en la prisión y el otro medio en el 'exili' queda claro que fuerza real -ya no matemática- no tienen ninguna.


A partir de esta realidad objetiva que no se quiere aceptar han tomado la senda de crear unos órganos paralelos, el último el Consell per la República, donde no tienen ningún problema con la realidad en la que viven. Ahí sí que son mayoría sin ningún tipo de dificultad. Es un placebo para los líderes y sus ya tristes seguidores.


Pero la realidad, siempre tozuda, vuelve a atacar las mentes del rebaño y de su pastor en cuanto la pastilla dulcificadora deja de hacer su imaginario trabajo. Esos órganos no tienen un papel real, en la red igual sí, que cambie el escenario donde nos movemos, que no es otro que la derrota del Procés hace un año por no poder votar en el Parlament de forma oficial una DUI y proclamar la independencia de manera efectiva. Así como la huida de su máximo dirigente.


Todo lo demás -lloros, victimismo, folklore,...- son historias para hacer soportable lo que no se ha podido lograr. 


   ​El Consell Assessor es la prueba de la derrota del Procés