ATENTADOS BARCELONA Y CAMBRILS

Mohamed Houli implica a otro joven en la célula terrorista de los atentados del 17-A

El imán podría tener armas y explosivos guardados en la montaña
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Houli (Reuters)

Houli implicó a otro joven en la célula terrorista. Fuente: Reuters


Mohamed Houli, que resultó herido en el chalet de Alcanar (Tarragona) donde los terroristas de Barcelona y Cambrils preparaban presuntamente explosivos y que voló por los aires el 16 de agosto de 2017, implicó en la célula a un joven que no estaría entre los muertos ni los detenidos. Este dato fue aportado el 11 de septiembre de 2017 en la prisión de Valdemoro por el reo, que quiso realizar una confesión ampliatoria casi un mes después de los hechos, aconsejado por sus padres.


Durante una entrevista con los agentes, que figura en los papeles del sumario, Houli señala que el día que se fue a vender oro con Youssef Allaa -que murió en la explosión de Alcanar-, no sabe si fue el mismo día de la explosión o la víspera, vio por el retrovisor "a un chico joven" que iba en dirección a la finca.


"Miré por el retrovisor y vi que el imán -Abdelbaki Es Satty, fallecido igualmente al explotar el material explosivo en el chalet y presunto cabecilla de la célula- había salido de la casa y que se juntaba con este chico", del que añadió que era delgado llevaba una camiseta del Barça y chanclas, y tendría unos veintitantos años, una altura de 1'78 y el pelo rapado por los lados y levantado por el centro.


"Es de los nuestros", dijo uno de terroristas


"Y yo le dije a Youssef: 'Mira este chico, se ha parado a hablar con el Iman', y me contestó:'Sí, este chico es uno de los nuestros, pero las cosas poco a poco'. Cuando regresamos, dos o tres horas después, esta persona ya no estaba en el chalet", recoge el informe elevado al instructor del caso en la Audiencia Nacional, Fernando Andreu.


En el sumario de la causa, dos testigos apuntaron a los Mossos d'Esquadra que a misma mañana de los atentados habían visto a Younes Abouyaaqoub -autor de los atropellos en Las Ramblas- llegar a una cafetería de Ripoll en una furgoneta blanca para recoger a otro miembro del grupo, Mohamed Hichamy - uno de los cinco abatidos en Cambrils- , y que iban acompañados por una tercera persona hasta el momento desconocida para los investigadores.


Se trataría de un hombre de alrededor de 40 años, de "pelo corto canoso", que unos años atrás trabajó de "frutero en el mercado que montaban cerca de Correos". Un familiar de los hermanos Oukabir, también se refirió a este hombre en una declaración señalando que tras el episodio de la furgoneta "nadie más" le ha vuelto a ver por Ripoll después de los atentados.


Por otro lado, un vecino de la calle calle Raval de Sant Pere de Ripoll, donde los investigadores realizaron entradas y registros y se encontraron restos del explosivo conocido como 'madre de Satán', afirmó que había visto a un "hombre canoso" que habría acompañado a Es Satty en unas reuniones llevadas a cabo "meses antes" de los ataques.


Armas y explosivos escondidos en la montaña de Ripoll


Por lo que respecta a la declaración ampliatoria de Houli, éste aporta a los agentes datos sobre conversaciones que escuchó de sus compañeros, como la mantenida por Abouyaaquoub, Aalla y otro de los abatidos por los Mossos, Omar Hychami, quienes dijeron: "Ya verás cuando el imán baje lo que guarda en los agujeros en la montaña". El preso piensa que se referían a armas o explosivos, por no está seguro.


Sus compañeros también habrían comentado que no se encontraban solos, y que Es Satty conocía a otro imán que tenía otro grupo de 8 o 9 personas en Francia que tenían pensado entrar a España por Andorra y atentar en Lloret de Mar (Girona). Los terroristas también hablaban de dos hombres que "se movían mucho con el imán", que hacían viajes a Francia y a Bélgica y "eran los que mandaban por él, eran gente de dinero" e iban a ayudar a la célula, de los que Houli no sabía nada.


En esta declaración en prisión Houli confirmó que el principal objetivo de su grupo era la Sagrada Familia de Barcelona y que en la casa había unos cincuenta sacos de unos tres a cinco kilogramos de explosivo metidos enfundas de almohada, que rellenaban con vasos de plástico.


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