​Puigdemont propone una política estéril de inestabilidad

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Puigdemont Waterloo (Twitter JxCat)

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat, a su llegada a Waterloo. Fuente: Twitter JxCat


Cuando el sábado Carles Puigdemont se dedicó a advertir a Pedro Sánchez sobre que su tiempo se acababa y la próxima finalización de un supuesto periodo de gracia que le había sido concedido mostró a la opinión pública cuales son sus proyectos de futuro.


Ya había dado algunas pistas cuando finiquitó a Marta Pascal como líder del PDeCAT por no seguir sus directrices destructivas respecto a la moción de censura de los socialistas frente a Mariano Rajoy hace unos meses.


Puigdemont ha ideado un plan donde la inestabilidad debe ser una constante. Y esta no puede circunscribirse únicamente al territorio catalán. Debe tocar al Estado y a su corazón que es Madrid como centro de poder. Incluso si esta situación se trasladará fuera de las fronteras españolas lo vería como un éxito.


El patriarca de la 'Casa de la República' debe alargar el conflicto al máximo para continuar el mayor tiempo posible en la cresta de la ola. O por lo menos eso es lo que denotan sus acciones y palabras que cada vez son más subidas de tono.


Pero una cosa es mantener la dirección del Procés frente a partidos debilitados como ERC o la CUP y otra muy distinta lograr objetivos políticos titánicos como la independencia de Catalunya o la fundación de un nuevo Estado.


Destruir es muy sencillo, pero no sirve como garantía para dar vida a un régimen político nuevo que jamás antes ha existido. Para ello se necesita algo más que palabras y gestos a cientos de kilómetros de donde deben producirse cambios.


Los objetivos políticos del Procés en el contexto actual necesitarían para ser logrados de una unanimidad entre la ciudadanía de Catalunya que en ningún momento de estos seis años se ha dado. Y la ficción propuesta por Puigdemont y los suyos sobre una hipotética mayoría que desea la independencia no se aguanta en la realidad ni por un segundo.


No hay ningún muro de Berlín a punto de caer ni ninguna potencia que tenga interés en el nacimiento de un nuevo Estado en territorio catalán. Así que si la estrategia de Puigdemont y su séquito es un intento de tensar la cuerda en vista de que en Catalunya no se hacen hegemónicos es bastante probable que sea estéril y tenga fecha de caducidad. 


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