​Llarena fuerza a Puigdemont al 'exili' eterno

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Puigdemont (DPA)

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat. Fuente: DPA


Tras la decisión del  Tribunal Regional de Schleswig-Hosltein de permitir únicamente la extradición de Carles Puigdemont en virtud del delito de malversación y no por el de rebelión la pelota estaba en el tejado del juez Pablo Llarena.


Tenía básicamente dos opciones que consistían en aceptar la extradición tal y como se la proponía la justicia alemana o rechazarla y dejarlo todo igual como estaba hasta ahora. Optar por la primera hubiera supuesto un problema para el Estado español en su conjunto. Y quizás también para Europa en general por el menoscabo que ello podría suponer para la euroorden para futuros casos ya que sentaría un precedente peligroso.


Enjuiciar a Puigdemont, supuesto director de orquesta del Procés y de los hechos acaecidos en torno al mismo hasta que se marchó de España el año pasado, únicamente por un delito que le acarrearía menos pena que a los miembros de su Govern hubiera quedado fuera de toda lógica y hubiera dado combustible al desafío al Estado.


La opción escogida por Llarena, esto es retirar la euroorden, contenta en cierta forma a todos los estamentos que forman parte de los tres poderes del Estado... e incluso a la propia UE. Y pone la pelota nuevamente en el terreno de juego de Carles Puigdemont y los suyos... su vuelta a Waterloo es un síntoma de ello.


Puigdemont se ve obligado así a vivir en lo que denomina “exili” quizás para los próximos veinte años y con su capacidad de movilidad fuera de Bélgica muy mermada por la posibilidad de que la justicia española vuelva a poner en marcha el mecanismo de la extradición.


Otro problema que le genera es a nivel interno ante la imposibilidad de hacer acto de presencia en Catalunya. Conforme pasan los meses su posición es cada vez más débil en el seno del mundo del Procés, como se está viendo estos días con todo a punto de saltar por los aires entre los tres principales actores del invento. Entre ERC y JxCAT sin lugar a dudas, pero también en el seno de esta última con la ruptura de sus afines y los de su todavía partido PDeCAT.


El 'exili' es una situación de tablas en este juego que a quien más daño hace es al autodenominado “President legítim”, ya que su desgaste es palpable. Si tras algo más de ocho meses la situación está así... ¿podrá aguantar los veinte años que puede durar esta situación? 


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