Pablo Casado toma la vía Donald Trump en su campaña

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Pablo Casado

Pablo Casado, candidato a presidir el PP. Fuente: Europa Press


Hasta la elección de los dos candidatos para liderar el PP en la votación entre los militantes la campaña de Pablo Casado basó su estrategia en intentar presentarles que era la persona que mejor podía representar el pasado más glorioso del Partido Popular.


Esta idea se sustentaba principalmente en la época del liderazgo de José María Aznar aunque se citara también a Mariano Rajoy de pasada. Se vendía de forma sibilina que Casado era el nuevo Aznar.


La idea funcionó para superar la primera fase. Tiene su mérito aunque en el corte quedara en segunda posición, ya que dejó en la cuneta a toda una 'peso pesado”'del partido como es María Dolores de Cospedal.


Ahora con Soraya Sáenz de Santamaría como única rival y escollo final parece que la estrategia ha dado un giro de tuerca y se han adoptado nuevos mensajes muy distintos a los que hasta ahora se habían emitido.


Pablo Casado debe crear ahora mensajes dirigidos estrictamente a un grupo determinado de compromisarios (algo más de 3.000) que nada tienen que ver ya con la diversidad de opiniones que hubieran podido tener los algo más de 66.000 militantes que participaron en el primer cónclave de eliminación.


Y estas proclamas deben ser mucho más expeditivas y directas si se quiere llegar a los corazones de este pequeño grupo que tomará la decisión. Deben ser mucho más de derechas (aunque Casado los denomine como de 'centro-derecha'). Y deben estar bañados además de algo que hoy está muy de moda: populismo.


Es por ello que ha tomado una estrategia parecida en cierta forma -y guardando las distancias- a la que en su día tomó Donald Trump: ideas directas, extremas y muy conservadoras que fácilmente pueden calar en este sector.


Así no ha dudado en las últimas fechas en mostrarse contrario a sacar a Franco del Valle de los Caídos (con la idea de que hay que olvidar ya la guerra), a distanciarse de lo que llama “ideología de género” (feminismo), de dejar a los participantes en el 15M casi como de unos niños pijos descontentos porque el papi no les podría comprar el coche (anti podemos), a atacar a los líderes del Procés...

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También se ha hartado de repetir “centro-derecha” mil veces sin ruborizarse contraponiendo su ideario a la “izquierda”... precisamente lo que nunca haría en unas elecciones a la presidencia del Gobierno (y que nunca hubieran hecho ni Aznar ni Rajoy en plena carrera electoral).


Casado y su equipo saben muy bien a quien se dirigen en estos momentos: a unos compromisarios profundamente ideologizados que nada tienen que ver con la opinión pública española.


Incluso ha aparecido un vídeo anónimo misterioso denostando a Soraya del cual se han desmarcado rápidamente... todo muy Trump... muy a la americana... muy dirigido a los propios aunque a los demás les moleste y genere controversia social.


Veremos si todo esto funciona frente a la campaña de baja intensidad que ofrece Sáenz de Santamaría, que quizás ha confiado demasiado en sus fuerzas y su prestigio por los años de Gobierno junto a Mariano Rajoy.


Incluso ni se ha inmutado con el apoyo de Cospedal y de los otros candidatos a su rival, ya que está segura de lograr el apoyo de unos 2.000 compromisarios que le darían una victoria segura. Una estrategia de poco movimiento muy parecida a la que adoptó en el tema catalán y que tantas críticas le generó. Marianismo en su salsa.


De aquí al día de la decisión pueden pasar muchas cosas, pero está claro que quien más ha arriesgado se llama Pablo Casado. Se podrá decir que estaba obligado frente a una veterana como Soraya, pero es lo que le tocaba. Y ya se sabe: quien la sigue la consigue.


   Pablo Casado es Aznar