​Si Franco movió a José Antonio dos veces la democracia tiene legitimidad para hacerlo con el propio 'Caudillo'

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Arias Navarro y Franscico Franco


Uno de lo debates que se vive con intensidad estos días es sobre la posibilidad de sacar los cuerpos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera del archifamoso Valle de los Caídos.


Hay distintas opiniones a favor y en contra, pero lo cierto es que el régimen de corte democrático en el que vivimos no puede permitirse el lujo casi 43 años después de la muerte del dictador de tener un símbolo pre-democrático de estas características en pie.


Ciertamente hace unas décadas la intención de sacar al autonombrado Caudillo de su última y faraónica morada hubiera podido generar conflictos en el seno de la sociedad española, pero hoy ese riesgo está superado y ya no vale para ser esgrimido.


Una sociedad como la española que funda su actual régimen político en el parlamentarismo y la democracia debe cortar todo posible atisbo de continuidad con un régimen como el franquista. Y ahora ya debe hacerlo sin el menor rubor o nerviosismo.


Hay que recordar a los defensores de mantener a Franco es su actual emplazamiento que este en su día no tuvo reparos en mover el cuerpo del líder falangista fusilado, José Antonio, de su tumba por dos veces. Una en 1939 (de Alicante al Escorial) y otra 20 años después (la actual en el Valle de los Caídos). Y en ambas ocasiones la intención fue claramente propagandística.


Si Franco para consolidar su régimen no tuvo reparos en realizar estas acciones... ¿cómo alguien puede atreverse a discutir a un régimen democrático fundado en la soberanía nacional que haga lo mismo en base a la nueva realidad española?  ¿Puede alguien afear a una democracia sin ruborizarse su intención de deshacerse de símbolos de tiranía y dictadura como en su día hicieron alemanes y tantos otros?


Si Franco fundaba en la fuerza sus decisiones, como la de trasladar restos de una tumba a otra, la democracia toma las suyas en base a la voluntad popular que le da una legitimidad que un régimen de corte fascista y autoritario nunca tuvo.


Por tanto España no debe de tener ningún problema en sacar de su geografía cualquier atisbo de la dictadura y recordar sus efectos perniciosos únicamente en los libros para que no caiga en el olvido de las futuras generaciones.


   Carmen Martínez Bordiú, duquesa de Franco y Grandeza de España