​Los extremos procesistes y unionistas siguen tirando con bala

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Pedro Su00e1nchez y Quim Torra (POOL)

Pedro Sánchez y Quim Torra en su reunión en La Moncloa. Fuente: POOL


En esta semana Pedro Sánchez y su Gobierno socialista han intentado iniciar un diálogo con las huestes procesistes. La reunión con Quim Torra, retirar recursos en el TC, poner en marcha comisiones bilaterales... son actos que intentan rebajar la tensión institucional entre Estado y Generalitat. Pero parece que desde los flancos más extremos de uno y otro 'bando' no interesa que esta senda apaciguadora prospere.


El President  Torra ha seguido a lo suyo con declaraciones fuera de lugar y más propias de alguien que desea mantener viva la llama del conflicto. Afirmar que en la reunión entre ambos presidentes se habló el 90% de la independencia -'lo importante'- quiere decir que al Molt Honorable le interesan más bien poco las múltiples necesidades de los catalanes.


Declarar ante Sánchez que él “no tiene nada que perder” porque sus hijos “son mayores” muestra una despreocupación hacia la ciudadanía que representa y su destino que debería hacerse mirar. Quim Torra no pone simplemente en riesgo su persona con sus actos. Si eso no lo tiene claro lo mejor sería que se marchara a casa, cosa que muy posiblemente deberá hacer más pronto que tarde.


Por el otro lado sectores de PP (sus candidatos a líderes, como Casado y Sáenz de Santamaría concretamente) y Ciudadanos (Girauta, Arrimadas, el propio Rivera...) han realizado una serie de declaraciones, algunas quizás fuera de tono, atacando a Torra y al propio Sánchez.


Que ataquen al otro 'bando' puede que tuviera cierta lógica, pero quizás al Gobierno socialista deberían darle algo de margen. Cuando el Parlament de Catalunya reactivó la semana pasada el 9N, automáticamente el Estado presentó el correspondiente recurso. Por otra parte tras la reunión con Torra el Gobierno, en boca de su portavoz Carmen Calvo, dejó bastante clara su postura negativa respecto al supuesto derecho de autodeterminación y el referéndum argumentando que eso no cabía en la Constitución.


Haría bien la clase política que representa a unos y otros extremos en intentar ser crítico frente al adversario dentro de unos márgenes que rebajaran la tensión y la crisis institucional en materia territorial que atraviesa España. Lo cortés no quita lo valiente y sería de agradecer.


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