​Casado es una guillotina sobre el cuello de Soraya y la cuerda con la hoja la sostiene Cospedal

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Soraya y Cospedal

Sáenz de Santamaría  y Cospedal. Fuente: RTVE


La 'semifinal' de ayer en la elección de un nuevo líder para el Partido Popular ha deparado dos hechos destacables: la irrupción de Pablo Casado como revelación y la caída definitiva de la carrera de María Dolores de Cospedal.


El hecho de que Soraya Sáenz de Santamaría quedara primera en este caso es irrelevante para la gran final. Lo verdaderamente destacable es que una vez su enemiga íntima Cospedal ha caído lo único que le queda para sobrevivir en el teatro político es morir matando. O lo que es lo mismo: liquidar a Soraya.


La opción Casado es el mal menor en este caso para la exministra de Defensa, por lo que no es muy peregrino afirmar que los apoyos que hubiera recabado entre los compromisarios irán a parar a las alforjas del 'nuevo Aznar', que ha basado su campaña de forma muy inteligente en no abjurar de nadie del pasado de los populares.


Pablo Casado es la opción con más números porque puede dar al PP algo que gusta de siempre a la derecha española: un líder único que aúne a todas sus huestes desde el centro hasta la extrema derecha. Es ese personaje que quizás podría lograr la cuadratura del círculo al mezclar tras de sí a la faceta más neoliberal en lo económico junto a la más tradicionalista y católica en el que podemos partir hoy al conservadurismo español. Eso Soraya nunca podrá lograrlo.


Pablo Casado se convierte así en la guillotina que pende ante una Soraya postrada ante el patíbulo que le están organizando sus enemigos... y la cuerda ahora mismo la sostiene Cospedal.


Sáenz de Santamaría creyó en su día que ocuparía la silla de Mariano Rajoy automáticamente cuando este dejara el liderazgo viviendo todavía en la Moncloa. Soñó con un traspaso de poderes plácido y directo como el vivido por su jefe con Aznar hace ya 14 años.


Al igual que le ocurrió a Villepin con Sarkozy en Francia, no calculó el problema que podría representar no ser fuerte en el partido y se dedicó a caer bien al jefe para que la 'dedocracia' hiciera el resto. Craso error.


Ahora sin poder en la organización no cederá ante su máxima rival durante estos años, pero quizás pague un precio más alto que esta al quedar en el ostracismo total. Cospedal en el fondo puede, y deberá, hacer un cambio de cromos que le mantendrá en el candelero. Lo de Soraya es en cambio a vida o muerte.


No es de extrañar que el discurso de ayer de la exvicepresidenta transmitiera de todo menos felicidad o euforia... sabe que tendrá que buscar un milagro para no acabar con la testa en el cesto...y en política los milagros no existen.


   Pablo Casado es Aznar