Junqueras fracasa como líder de ERC con una estrategia propia del nacionalismo más reaccionario

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Junqueras y Puigdemont

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont


ERC históricamente fue una formación donde convivían dos almas: la nacionalista y la social. Lluís Companys fue un representante de esta segunda vertiente. Tras su desaparición como partido durante la dictadura su retorno ya en democracia fue casi testimonial a nivel electoral.



Hasta la llegada de Àngel Colom se puede decir que no existía en el mapa político catalán. Los dirigentes de aquellos años optaron por la vía nacional dejando de lado la social (curiosamente su antecesor en el cargo, Joan Hortalà, y el mismo Colom acabaron en CDC, lo cual es sintomático de su ideología claramente nacionalista).



La llegada de Josep Lluís Carod-Rovira suposo un giro en esta estrategia hacia un cierto tinte social y una mejora en los resultados electorales que les permitió tocar poder con los dos tripartitos. Carod-Rovira tenía claro que no debía pactar con CiU para no verse devorado por la federació.



Tras la caída de los tripartitos y el desastre de Puigcercós en el timón los republicanos se encontraron bajo mínimos y con un futuro incierto. Y ante la duda optaron por Oriol Junqueras, alcalde de Sant Vicenç dels Horts, en 2011.



Durante estos años todo el mundo ha apuntado sus cualidades como líder y pronosticaba que ERC traspasaría a los ex-pujolistes de CDC. Pero vistos los resultados finales la verdad es que su estrategia puramente nacionalista ha sido un desastre para su formación y su propia persona.



Ir de la mano de los descendientes de Pujol desde 2012 en una especie de Frente Nacional con la CUP de socio pobre y saltarín no ha conseguido más que reforzar a los principales dirigentes de la extinta CDC y ha permitido que estos sobrevivan usándolos de muleta para mantener el poder. Tanto Mas como Puigdemont le han birlado la cartera un día sí y el otro también.



Así en las últimas elecciones al Parlament, cuando parecía que ERC por fin conseguiría el sorpasso en el campo nacionalista, y el objetivo principal de su líder desde el inicio de su liderazgo, se dio con un canto en los dientes y quedó tercera en la cursa electoral después de romper, en base a encuestas que le vaticinaban el éxito, la coalición Junts pel Sí.



Ni la prisión de Junqueras sirvió para que ERC superara a una lista nueva, JxCat, que en pocas semanas le robó la victoria con un Puigdemont que sí pudo hacer campaña desde Bruselas después de su huida. Un fracaso.



Los electores nacionalistas prefirieron un original reaccionario que el propuesto por Junqueras, que con la elección de personajes grotescos durante su gestión -como Gabriel Rufián, ha demostrado tener muy poca inteligencia política al quedarles vedados grandes bolsas de votantes que veían en ERC loS mismos peligros que en CDC.



Junqueras también tiene en su debe haber vendido “su producto” con demasiada prepotencia. Minusvalorar al Estado español y querer mostrar una fuerza que no tenía (como se ha visto en los últimos meses) le ha llevado a padecer la situación judicial que hoy sufre. Al menos hay que reconocer que ha sido el más digno ante el poder judicial de todos los líderes del Procés cuando se han presentado ante los tribunales. Justo es decirlo aquí.



Los resultados están ahí. ERC ha pasado el poco tiempo de clara promesa a continuar siendo la muleta de los ex-pujolistes echados al monte. Menudo negocio.



Hace meses que intentan librarse de ese nacionalismo reaccionario impulsado por Junqueras que tanto daño les ha causado (solo hay que ver diversas declaraciones de Joan Tardà o las de hace poco de Pere Aragonès pidiendo diálogo con Rajoy), pero están tan atados a sus socios que hacerlo en este contexto les supondría un hundimiento total.



Cuando las encuestas eran positivas para ERC se decía que la gente ante el original o la copia, que en este último caso era CDC, la gente prefería el original. Pero quizás sería más correcto decir que quien copió realmente a un tercero fue Junqueras que ha basado su política en un nacionalismo reaccionario más propio del pujolismo tradicional que de una formación que se dice de izquierdas.


Ante el original o la copia la gente prefirió votar a la llista del President.


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