El Estado de derecho en Alemania es una ficción desde Trotsky

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Katarina Barley

Katarina Barley, ministra de Justicia de Alemania. Fuente: Wikipedia


En la obra del revolucionario ruso León Trotski, 'Mi vida', explica en un pasaje que antes de su salida como exiliado de la URSS algún dirigente alemán de la extinta República de Weimar se había llenado la boca con el Estado de derecho existente en su país que permitía incluso aceptar como refugiado al bolchevique en su territorio.


Lógicamente ello nunca ocurrió, ya que el país teutón en ningún caso hubiera permitido a un personaje así en su territorio ni en broma. Trotski utilizaba este pasaje para mostrar su postura ante el llamado 'Estado de derecho', tildándolo de farsa y de ficción.


Se puede estar de acuerdo o no con las ideas políticas del personaje, pero lo que es difícil discutir es que tras lo sucedido en estos días con la posible extradición de Carles Puigdemont hacia España su descripción de la noción de 'Estado de derecho' y todos los instrumentos que conlleva no iba muy desencaminada.


En un Estado como el alemán donde los partidos independentistas están prohibidos, donde hace poco su Tribunal Constitucional cerró la puerta a un posible referéndum de independencia en Baviera y de donde el ordenamiento jurídico español ha extraído buena parte de sus normas constitucionales y de todo tipo (incluido la rebelión que ellos llaman “alta traición”), resulta extraño que un tribunal regional enmiende la plana a todo un Tribunal Supremo del cuarto país de la Unión.


No tengan duda de que si los hechos ocurridos en Catalunya hubieran sucedido en Alemania hace tiempo que todos sus dirigentes estarían en prisión, por no decir que no hubieran tenido ni la más remota posibilidad de realizar un referéndum o una DUI.


La decisión del tribunal regional alemán de conceder la libertad provisional a Puigdemont y eliminar la extradición por rebelión denota elementos impropios de una democracia occidental que además es el principal estado de la UE.


Las declaraciones de la ministra de Justicia alemana nos dan otra pista de lo discutible de la decisión... ¿dónde está la separación de poderes propia de cualquier Estado de derecho? ¿Dónde está la lealtad entre socios europeos que pretenden crear unos 'Estados Unidos de Europa'?


¿Cómo es que un tribunal inferior puede meterse en el fondo del asunto de una euroorden cuando está claro que el mismo hecho no hubiera sido permitido en Alemania jamás de los jamases por existir pruebas más que sobradas de la existencia de una voluntad clara de dividir un Estado por la fuerza y con hechos consumados?


A partir de aquí el Estado español debería revisar sus relaciones con esta clase de socios, por muy poderosos que fueren. Si al final es cierto -como parece haberse nuevamente demostrado- que el Estado de derecho no es más que una ficción, España debería actuar teniéndolo muy presente en el futuro. Y en el avispero catalán también.


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