​Puigdemont quiere seguir con la obra de teatro a costa de ERC

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Puigdemont Bruselas

Carles Puigdemont en Bruselas. Fuente: Europa Press


Hace ahora un año el exPresident Carles Puigdemont declaraba que no se volvería a presentar a unas elecciones. Desde esa mentira hasta hoy Carles se ha adueñado del Procés.


El proceso independentista bajo el liderazgo de Carles ha mutado de artilugio propagandístico a una obra de teatro donde su líder es actor principal y único. Todos los demás intérpretes son secundarios y prescindibles. 


Incluso en la campaña electoral para el 21-D, donde prometía al electorado su vuelta en caso de ganar, estaba mintiendo para mantener viva la llama procesista. Está claro que no tiene ninguna intención de regresar mientras exista una sola posibilidad de que tenga que responder penalmente por sus actos ante la justicia española.


Si su huida a Bélgica provocó la entrada en prisión de varios de sus aliados, en esta semana ha demostrado que no tiene ningún problema en seguir pidiendo esos sacrificios -que él paradójicamente no quiere asumir- a otros para seguir con la obra teatral mucho más tiempo.


Carles ha puesto en su punto de mira a ERC por el tema de la investidura. El partido de Junqueras se encuentra hoy cercado dentro de un movimiento independentista que no duda en presionar hasta la saciedad a los republicanos para que infrinjan la legalidad y nombren President nuevamente a Puigdemont de la forma que sea.


El problema es que nadie tiene ganas de asumir la prisión, y más por alguien que no tiene reparo en huir ante cualquier dificultad. Así ERC lleva varios días intentando colocar la pelota en el tejado del exPresident, con escaso éxito en el universo procesista, que los tildan de traidores.


Al igual que hicieron con la CUP en su día la presión crece por momentos. La diferencia ahora es que lo que pide Carles comporta la entrada en Estremera y eso es mucho pedir. Y más por alguien que está claro no quiere asumir en sus carnes el mismo sacrifico.


Con la ayuda del caza recompensas Toni Comín, Puigdemont intentó darle una vuelta de tuerca a la situación presionando a los de Junqueras tras la investidura fallida. Y por lo que parece en el planeta procesista el invento está funcionando.


ERC ofrece como solución un Gobierno virtual en Bruselas y otro oficial en Barcelona. Pero a Carles no se la cuelan. Sabe muy bien que si acepta eso quedará relegado a un segundo plano como le ocurrió a Mas cuando le cedió el testigo pensando que lo controlaría y ahora no pinta ya nada.


La última amenaza es la repetición de elecciones si los de ERC no cumplen sus deseos y facilitan la investidura en la forma que fuere. Juega con la idea de que en ese escenario los republicanos serían tildados de traidores y su figura se vería reforzada a costa de los republicanos.


El espectáculo debe continuar. Y ERC es quien debe correr ahora con los gastos de una forma u otra. 


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